Cuando el reclamo se encuentra con el silencio
Laura llega a casa con una pregunta atravesada en la garganta. Carlos lleva veinte minutos mirando el móvil, después de un día agotador.
“¿Vas a seguir así toda la noche?”
Carlos levanta la vista, cansado.
“Necesito desconectar un rato.”
Para Laura, esa frase cae como una puerta cerrada. Insiste.
“Claro. Nunca tienes tiempo para hablar conmigo.”
Carlos guarda silencio. Se encoge. Quizá cambia de habitación o enciende la televisión.
¿Te resulta familiar? Uno pide contacto con urgencia. El otro se aleja para poder respirar. Los dos terminan más solos.

Laura no busca una discusión por gusto. Bajo el reclamo puede haber miedo a no importar, a quedarse fuera de la vida emocional de Carlos. Carlos tampoco se retira necesariamente por desinterés. La intensidad de la conversación puede resultarle abrumadora y dejarle sin palabras. En este tipo de intercambio, la presión por hablar suele aumentar la retirada, y la retirada aumenta la angustia y el reclamo, formando un bucle que se retroalimenta.
A veces el detonante parece mínimo.
“Te pedí huevos para la cena y se te olvidaron.”
“Fue un día complicado, no empieces.”
“Siempre tengo que recordarte todo.”
“Ya no quiero hablar.”
Los huevos dejan de ser el asunto. Laura oye: “No soy prioridad”. Carlos oye: “Todo lo hago mal”. Cada uno responde a esa herida como puede, aunque su respuesta active la herida del otro.
Cómo el apego organiza nuestra respuesta al miedo de perder al otro
La reacción de Laura y Carlos tiene una lógica emocional. En la Teoría del Apego Adulto de Hazan y Shaver, los vínculos de pareja activan un sistema que busca seguridad cuando percibimos distancia, rechazo o incertidumbre. No todas las personas responden igual a esa alarma.
Dos dimensiones ayudan a entenderlo: la ansiedad de apego, que teme no ser suficientemente importante para el otro, y la evitación, que teme depender, quedar expuesto o sentirse invadido. Ambas se relacionan con dificultades para regular las emociones bajo estrés, aunque cada persona las gestione de una manera distinta.
- Quien tiene apego ansioso suele hiperactivar la búsqueda de cercanía. Si percibe frialdad, tarda una respuesta o nota un cambio de tono, su mente puede quedarse enganchada a la amenaza. Pregunta, insiste, repasa conversaciones y busca confirmaciones. A veces reclama con dureza, aunque debajo del enfado haya una pregunta mucho más frágil: “¿Sigues conmigo?”. La urgencia intenta apagar el miedo a ser dejado de lado.
- Quien tiene apego evitativo suele desactivar la necesidad de cercanía. Ante una conversación cargada, puede minimizar lo que siente, quedarse sin palabras, refugiarse en el trabajo o pedir espacio. La autosuficiencia le protege de una vulnerabilidad que puede vivir como peligrosa o insoportable. Su retirada suele buscar bajar la intensidad, aunque desde fuera se sienta como indiferencia.

Los estilos de apego no son diagnósticos ni sentencias sobre el carácter. Son estrategias aprendidas, a menudo fuera de la conciencia, para manejar una misma amenaza: perder el vínculo. También existe el apego seguro, asociado con mayor capacidad para reconocer una emoción, pedir apoyo y tolerar una diferencia sin asumir de inmediato que la relación está en riesgo.
Sue Johnson retoma esta lógica en la Terapia Enfocada en las Emociones, o EFT: la pareja puede aprender a identificar el miedo que organiza sus reacciones antes de quedar atrapada en ellas.
Cómo la persecución y la retirada se alimentan mutuamente
Sue Johnson llama a este patrón la “Polca de la Protesta“: uno de los “diálogos del diablo” de la Terapia Enfocada en las Emociones, o EFT. Son intercambios rígidos en los que ambos pierden sensación de seguridad y cercanía.
Laura nota que Carlos está distante y pregunta: “¿Te pasa algo conmigo?”. Él responde poco, mira el móvil o dice que no quiere hablar. Ella eleva el tono: “Siempre haces lo mismo, nunca estoy primero”. Carlos escucha crítica, presión o la certeza de que va a fallar. Se cierra todavía más: “No puedo hablar contigo así”.
Cada gesto confirma el temor del otro.
Quien persigue busca una señal de que el vínculo sigue ahí; quien se distancia busca protección ante una conversación que siente demasiado intensa. La urgencia de uno y el silencio del otro convierten el miedo de ambos en una pelea.
Laura no reclama porque disfrute el conflicto. Su protesta intenta recuperar contacto, aunque sale en forma de reproche, interrogatorio o demanda. Carlos no se retira necesariamente porque no le importe la relación. Puede estar intentando bajar una activación emocional que vive como excesiva, evitando decir algo hiriente o sintiéndose incapaz de responder a lo que se le pide en ese momento.

La dificultad es que las estrategias tienen un efecto contrario al que cada persona busca. La crítica o insistencia hace que el distanciador se proteja con más retirada. La retirada alimenta la alarma del perseguidor, que aumenta la presión para obtener una respuesta. La conversación deja de tratar sobre el asunto inicial, quizá una salida cancelada o una llamada sin responder, y gira alrededor de si uno puede alcanzar al otro.
EFT desplaza la mirada de “quién empezó” hacia el ciclo que atrapa a la pareja. Perseguidor y distanciador son nombres de posiciones dentro de esa secuencia, no identidades fijas. Una misma persona puede ocupar un lugar distinto en otra relación o en otro momento de su vida.
Las etiquetas de internet ocultan lo que ocurre en la pareja
Mito: “Quien persigue es tóxico”. La insistencia, los mensajes repetidos, el enfado o el silencio castigador pueden herir y deben revisarse. En el apego ansioso suelen aparecer como conductas de protesta: intentos torpes de recuperar cercanía cuando se activa el miedo al abandono. Pueden incluir reproches, agresividad pasiva o estallidos emocionales. El daño causado importa, y también importa entender la función de esa conducta para poder cambiarla.
Realidad: el malestar no justifica cualquier conducta. La evaluación clínica observa el patrón completo. Una protesta ligada al apego puede disminuir cuando se expresa un límite claro, hay reparación y la persona acepta ayuda. El control coercitivo sigue otra lógica: busca imponer obediencia mediante vigilancia, aislamiento, amenazas, castigos o invasión persistente de la autonomía. La investigación sobre violencia de pareja distingue estas conductas por su patrón de dominación y el clima de miedo que crean, no por un mensaje insistente aislado o una discusión intensa.

Mito: “Quien toma distancia es narcisista y no siente”. La retirada evitativa puede sentirse fría y desesperante para quien pide contacto. Aun así, muchas personas que se distancian están regulando saturación, vergüenza o temor al conflicto. Su dificultad consiste en permanecer emocionalmente disponibles, no en una ausencia automática de empatía.
Realidad: el respeto y la seguridad marcan el límite. Si hay miedo constante, amenazas, control del teléfono, aislamiento o límites ignorados de forma repetida, hace falta priorizar la seguridad y buscar apoyo especializado. Si hay dolor, torpeza y posibilidad de reparar, la pareja puede trabajar el ciclo sin reducir a nadie a una etiqueta.
Cuatro pasos para frenar la escalada
La primera tarea es acordar que el problema tiene nombre: el ciclo. Una palabra o un gesto pactado puede avisar: “Creo que la danza perseguidor-distanciador se está activando otra vez”. Decir “esto no eres tú contra mí; es nuestro ciclo contra los dos” ayuda a sacar la culpa de la conversación y a recuperar un mínimo de alianza.
Después, hagan una pausa con regreso garantizado. Diez o veinte minutos para caminar, beber agua o respirar despacio pueden bajar la activación física. Quien necesita distancia ha de poner hora concreta: “Ahora estoy abrumado. Hablemos mañana a las diez”. La pausa sin fecha suele vivirse como abandono.

Al volver, cada uno nombra su movimiento sin acusar. “Siento que estoy empezando a perseguirte porque me asusta perder el contacto”. “Me estoy retirando porque siento que voy a explotar”. La primera fase de la EFT de Sue Johnson busca precisamente identificar el ciclo y acceder a emociones más vulnerables, como miedo, tristeza o vergüenza, antes de que se conviertan en reproche o silencio.
Quien persigue puede sustituir la exigencia por una petición concreta: “¿Puedes quedarte conmigo diez minutos y escucharme?”. Quien se distancia puede sostener presencia sin prometer lo que no puede dar: “Necesito bajar el ritmo, pero sigo aquí y volveré a hablar contigo”.
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Cuando el ciclo necesita un espacio terapéutico
Si las pausas y las nuevas palabras no bastan, pedir ayuda puede dar a la pareja un lugar seguro para entender lo que ocurre sin convertir cada sesión en un juicio. La EFT de Sue Johnson empieza por construir alianza, reconocer el ciclo y acercarse a las heridas de apego que quedan ocultas bajo el reclamo o el silencio.
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El Test de Confianza Personal puede ser un primer ejercicio de observación. Su resultado no diagnostica ni etiqueta; ofrece temas para conversar y llevar a terapia.
Sources
- The Pursuer–Distancer Dynamic — The Gottman Institute
- PubMed record (ID 8320544) — PubMed / NCBI
- Artículo SciELO Uruguay (apego/relaciones) — SciELO Uruguay
- Why We Fight the Same Fight: The Truth About the Protest Polka — Reflections Psychotherapy
- Test De Confianza Personal — Centrointegraldepsicologia
- Centrointegraldepsicologia
- EFT México